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Moho oculto: qué pasó esta temporada y por qué no fue solo mala suerte

La temporada que acaba de cerrar dejó una conversación que hasta hace poco casi no se daba: productores con avellana clasificada en categorías que el comprador no está obligado a llevarse.

Los números que circularon en el gremio son duros. Entre un 12% y un 15% de la producción nacional quedó afectada, y esa fruta pasó de valer cerca de US$6 el kilo en categorías A y B a moverse entre US$1,5 y US$3. Sumado, se habló de una pérdida del orden de US$50 millones en una sola temporada.

El culpable con nombre y apellido fue el moho. Y la parte más incómoda es que buena parte de esa fruta se veía bien.

Qué es el moho oculto

El moho oculto es exactamente lo que dice el nombre: no se ve por fuera. La cáscara puede estar sana, sin mancha, sin olor raro. El defecto aparece cuando se parte la pepa en la muestra de recepción.

Eso tiene una consecuencia práctica importante: no lo puedes detectar mirando tus bins. Puedes tener el huerto entero cosechado, seco, guardado y ordenado, y enterarte del problema recién en el análisis de planta, cuando ya no hay nada que corregir.

Por eso es un defecto tan caro. No da aviso.

Dónde se genera

El moho no aparece en la planta ni en el camión. Se incuba en dos momentos, los dos en tu campo:

1. Los días que el fruto pasa en el suelo. La avellana cae madura y queda expuesta. Si en esa ventana llueve —y esta temporada llovió en marzo, en plena cosecha— el fruto absorbe humedad tirado en el suelo, en contacto con tierra, hojas y restos vegetales. Es la combinación perfecta para que arranque el hongo.

2. Las horas entre el huerto y el secador. Una avellana húmeda en un montón o en un bin sin flujo de aire sigue trabajando. Las primeras horas después de la cosecha son las de mayor riesgo, porque el agua del interior del fruto migra hacia la cáscara y ahí se junta temperatura, humedad y superficie. Un lote que espera dos días su turno de secado ya perdió parte de la pelea.

Ninguno de esos dos momentos ocurre en planta. Los dos ocurren antes.

Por qué esto no fue solo un año de mala suerte

La lluvia de marzo fue el gatillo. Pero la razón por la que golpeó tan fuerte tiene menos que ver con el clima y más con cómo creció la industria.

  • La superficie se duplicó. En 2024 el catastro llegó a 49.264 hectáreas, el doble que en 2020, creciendo a un ritmo cercano al 15% anual. Es la especie frutal que más rápido se expandió en Chile.
  • La mayor parte todavía no está en plena producción. Del total, alrededor de 33.500 hectáreas están recién entrando en producción. O sea: cada temporada llega más fruta, no menos.
  • Buena parte de esa superficie nueva está en el sur. Y en el sur no hay margen para improvisar el secado: prácticamente el 100% de la fruta necesita secarse, mientras que más al norte muchas veces es un tema de logística de cosecha.
  • Hay muchos productores chicos y nuevos. De los más de 700 productores del país, cerca de 200 tienen menos de 10 hectáreas. Son los que menos infraestructura propia tienen y los que más dependen de que la temporada venga buena.
  • El estándar se está apretando. La recepción es cada vez más selectiva, y así va a seguir. Un contrato con categorías A a E significa que las dos primeras tienen precio y compra asegurada, y que sobre el resto el comprador se reserva el derecho a no llevárselo. Esta temporada esa cláusula se usó.

Puesto de otra forma: la misma lluvia, con la mitad de las hectáreas y con productores más antiguos y mejor equipados, habría hecho bastante menos daño. El clima expuso una brecha de infraestructura que ya estaba ahí.

Qué se puede hacer, y quién hace cada parte

Vale la pena separar las cosas, porque no todas dependen de la misma persona.

Lo que se decide en la cosecha:

  • Cuántos días pasa el fruto en el suelo. Es la variable más directa. Una ventana de cosecha corta y bien planificada es la principal defensa contra el moho, más que cualquier cosa que venga después.
  • Cuán limpio sale del huerto. Tierra y hoja húmeda pegadas al fruto son material que retiene humedad y que después tapa el flujo de aire en el secador. Sacarlas en el campo no es solo un tema de descuento por materia extraña: también es un tema de secado.
  • Cuán rápido se puede cosechar. Si el tren de cosecha avanza al ritmo que necesita tu superficie, alcanzas a entrar entre lluvias. Si vas lento, cosechas cuando se pueda.

Lo que se decide en la poscosecha:

  • Que haya dónde recibir la fruta el mismo día.
  • Que se pueda mover aire desde la primera hora, aunque todavía no sea secado completo.
  • Que la guarda sea seca, fresca y sin lotes mezclados.

Nosotros nos hacemos cargo del primer bloque: sacar la avellana del suelo rápido, limpia y dentro de tu ventana. El segundo bloque es tuyo, y es donde creemos que hoy conviene poner los recursos. Lo escribimos aparte, en dónde poner la plata.

Lo que nos gustaría que quedara claro

El moho oculto no se arregla en recepción, ni reclamándole a la planta. Se arregla —o no— en las tres o cuatro semanas en que la fruta está en el suelo y en las horas siguientes.

Si esta temporada te llegaron castigos que no esperabas y no tienes claro en qué parte de la cadena se generaron, conversémoslo antes de la próxima. Es de las cosas que se entienden mirando el huerto y el calendario, no por teléfono.